Estado y Libertad
Decía Nietzsche, «donde termina el Estado, comienza la libertad»; la cuestión está lejos de resolverse en países como Argentina, donde la Democracia para no pocos es el Estado presente en todos los ámbitos de nuestra vida social, administrando y generando vínculos de poder.
«El Estado somos todos», «la Patria es el otro»; obviamente colgados del bolsillo de los demás, en una política autoritaria con visos de legalidad que se impone en beneficio de una casta que obtiene sus ganancias a costa de los recursos públicos.
De ahí que no coincida con el presidente Milei en la disyuntiva de «kirchnerismo o libertad», por considerarla coyuntural; la grieta fundamental es entre quienes se han quedado en la inmovilidad de un sistema que le asigna a cada uno su lugar, rol, identidad, profesión, negocio y el éxito asegurado de algunos; frente a los que avanzan movidos por las inquietudes humanas de crecer, progresar, cambiar, trabajar, superarse.
Los reaccionarios se niegan a pensar, en eso son peligrosos, lo rancio de posturas que insisten en permanecer y pertenecer a la «Normalidad» de quienes gozan del visto bueno del Sistema; sabemos que esto no necesariamente responde a clases sociales, ideologías o aptitudes, sino a esa mentalidad cerrada en sus propios intereses que echa mano de los mecanismos institucionales para garantizar sus privilegios sobre los demás.
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